De la economía neoliberal imperante a una economía realmente social Noviembre, 2008
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La reunión que en estos días han llevado a cabo los representantes de los países donde precisamente ha radicado el desastre financiero que ha estallado en sus máximas dimensiones (no es nada nuevo) en los últimos meses, representantes por otra parte cuyas políticas han permitido, favorecido o estimulado la progresiva desregulación de los mercados no sólo internos, sino también de los mal llamados países en vías de desarrollo (más bien “arrollados”), sólo para ingenuos podrá significar otra cosa que no sea un reforzamiento de la economía neoliberal (llamado “refundación”), y ojalá que nos pudiésemos equivocar.
Son los representantes políticos que viven en connivencia con los lobbies financieros y la tolerancia, cuando no aprovechamiento o rédito interesado, de la especulación financiera independiente o ajena a las necesidades y el bienestar sociales como causa u objeto común y principal de cualquier política financiera.
No han estado representantes políticos de otros países con otras formas de entender economía de las poblaciones y finanzas, supeditadas estas a aquellas, ni tampoco representantes de países “arrollados” por el quehacer de los desarrollados (“arrolladores”). No interesaba evidentemente, pues se trata, como la historia de sus estéticas reuniones nos enseña, de cambiar cosas para que no cambie nada, o sea, tendremos collar nuevo quizá, pero el mismo perro.
Como se dice en el artículo que reproducimos, nos parece que en estos momentos es más imprescindible que nunca la movilización intelectual y ciudadana. Las izquierdas deben proponer alternativas, hacer un esfuerzo ingente por trasladar a los ciudadanos las causas de la crisis y las respuestas distintas que se requieren para que no sean los desfavorecidos quienes sufran sus peores consecuencias.
He aquí el artículo en cuestión:
Reformar todo, pero cómo
Juan Torres López y Alberto Garzón Espinosa
Las medidas que han venido tomando los líderes mundiales para afrontar la crisis económica están orientadas sobre todo a procurar a los bancos la liquidez que han volatilizado en los últimos años y a tratar de devolver la confianza a los mercados. Para ello no han dudado ni siquiera en nacionalizar bancos, poniendo así patas arriba la sacrosanta libertad de mercado que siempre nos han querido hacer creer que es el principio que permite que la economía funcione mejor.
Pero las medidas tomadas hasta ahora ni han permitido poner fin a la oleada de quiebras ni, por supuesto, a la transmisión a la economía real de los problemas financieros que ha creado la banca internacional. Es preciso avanzar mucho más, les guste o no a los grandes capitostes de las finanzas, y poner sobre el tapete una nueva forma de entender la actividad bancaria, las relaciones financieras internacionales y la financiación de la vida económica.
Las medidas que están tomando son caras, costosas en dinero pero también en términos sociales, y poco efectivas porque no afectan a los problemas estructurales que han provocado la situación actual. Los responsables de la economía mundial están abocados a concretar fórmulas de futuro, nuevas reglas del juego y criterios de funcionamiento y de responsabilidad para los próximos tiempos.









