De aquí o de fuera, la misma clase obrera; la crisis capitalista que la paguen los ricos Octubre, 2008
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Es el encabezado de un manifiesto de la Coordinadora Antifascista de Málaga que reproducimos íntegramente a petición suya, apoyando el objeto principal de su contenido, a saber. la clase trabajadora no debe cargar con los costes de una crisis que han provocado otros, debido a sus tácaticas especulativas y su afán de enriquecimiento, en todo un alarde agresión social y puesta en peligro de la economía social. Algo que, entendemos, no debe permitirse que pueda volver a ocurrir.
He aquí el manifiesto:
Ya nadie duda a estas alturas de que estamos plenamente instalados en una crisis: quiebra de bancos e instituciones financieras, falta de liquidez, caída del volumen de negocio y del consumo, etc, y como consecuencia: despidos y más despidos de trabajadores/as. Los grandes capitalistas, los ricos, pretenden que esta crisis, que es mucho más que una simple crisis financiera provocada por “hipotecas basuras”, la paguen los trabajadores/as, haciéndonos trabajar más por mucho menos y aumentando la explotación, y así recuperar beneficios, siempre a nuestra costa, como así pretenden con la Directiva Europea de las 65 horas, además transferir dinero público, nuestro dinero, a los grandes capitalistas.
En las crisis capitalistas es cuando los movimientos fascistas aparecen con más fuerza, con el fin de servir al Estado y a los ricos para contener el descontento social, ya sea utilizando su violencia y agresividad contra quienes protesten contra el actual estado de cosas, como ya lo vienen haciendo en nuestra ciudad, Málaga; o desviando la atención culpando de todos nuestros males a los trabajadores/as inmigrantes, es decir, a quienes menos culpa tienen en todo esto, o también, exaltando valores reaccionarios como el españolismo, que niega la realidad plurinacional del Estado español, el racismo, el militarismo, el integrismo religioso, el machismo, la homofobia, etc.



Según informa el informativo digital 


La última medida anunciada por el Gobierno Español como paliativo de la denominada crisis económica (financiera), la inyección de dinero público (el de nuestros impuestos directos e indirectos mayormente, vaya) a la Banca y allegados empresariales privados en la cantidad aproximada de cincuenta mil millones de euros, no hace más que reflejar, una vez más en la larga historia del capitalismo liberal, la incapacidad de asegurar una economía con fin social y carácter estable (empleo no precario, salarios dignos con suficiencia de poder adquisitivo correlativo al IPC, pensiones igualmente suficientes, vivienda sin asfixia hipotecaria, crédito empresarial disponible, financiación que garantice una educación y atención sanitaria poblacional equitativa…) en un régimen de mercado libre con autorregulación excluyente de intervencionismos estatales.
La medida paliativa no es mala en tanto y en cuanto incida positivamente en el empleo, el mantenimiento de la productividad de las pequeñas y medianas empresas, la garantía del ahorro ciudadano, etc. Quiere esto decir que será buena, si la ayuda conlleva para la entidad receptora condiciones de uso (que no de abuso) que, de no aceptarse, pues no se recibe y en paz. Se nacionaliza la entidad lo necesario para sostener los objetivos sociales que tenga comprometidos financieramente, y luego ya veremos.