Memoria, justicia y decencia Julio, 2008

El olvido no es lo mismo que la reconciliación y la memoria no es lo mismo que la venganza

Francisco Espinosa Maestre

Fotografía del general fascista Gonzalo Queipo de Llano Hoy, el pleno de la corporación municipal de Sevilla, ha aprobado erradicar del nomenclátor de las calles de la ciudad una cuarentena de nombres que homenajeaban o exaltaban figuras o hechos relacionados con la sublevación militar fascista de 1936, incluyendo la consiguiente guerra civil, y la represión franquista hasta la instauración de la democracia, aunque no restauración de la República legal y legítima por voluntad popular, como hubiera sido la justa y verdadera llamada “normalización democrática”.

Igualmente, se ha retirado la mención de hijo adoptivo de la ciudad para Gonzalo Queipo de Llano, así como la medalla de honor concedida.

Nuestra congratulación por tal acto de reconocimiento a la legitimidad republicana, de reparación moral a las víctimas del fascismo y a sus familiares en Sevilla, de justicia con la historia, y de higiene social y decencia institucional.

Gonzalo Queipo de Llano: pilar terrorista del fascismo que asoló Sevilla

Producida la sublevación en Marruecos, el 17 de julio de 1936, Queipo de Llano se presentó la madrugada del 18 de julio en Sevilla como general al mando de los carabineros, aparentemente para inspeccionar los puestos aduaneros en el puerto. Se presentó, pistola en mano, al entonces jefe de la 2ª División Militar, el general Villa – Abrille, afirmando: “He venido a deciros que ha llegado el momento de decidir si vais a apoyar a vuestros compañeros de armas o al gobierno que está llevando a España a la ruina”.

Acto seguido, se traslada al acuartelamiento del Regimiento de Infantería Granada nº 6, situado en las proximidades de la División y logra hacerse con el mando del mismo. En realidad, el camino estaba ya servido, pues un comandante del estado mayor destinado en Sevilla, José Cuesta Monereo, había conseguido involucrar en la acción golpista a la gran mayoría de la guarnición militar de Sevilla, incluidas unidades de artillería, caballería, transmisiones y transporte.

Manda capturar inmediatamente la Maestranza de Artillería, con lo cual se priva a los habitantes de tomar las armas para enfrentarse a los sublevados. Asimismo se apoderó de los centros neurálgicos de la ciudad: edificio de la Telefónica, Ayuntamiento y sede del Gobierno Civil, el control de las principales vías de acceso al centro y aplicando luego el terror indiscriminado.

Al día siguiente, contando con numerosos falangistas, requetés carlistas y la ayuda de los primeros contingentes de la Legión Extranjera, llegados de África, empezaron inmediatamente a someter de forma sangrienta los barrios de Sevilla “la roja”, ciudad con un amplio movimiento obrero, que se aprestó en precario a su defensa: Triana, La Macarena, San Marcos, San Julián y otros. A los mercenarios moros, los Regulares, les dio libertad para saquear y asesinar a hombres, mujeres y niños.

Declara el estado de Guerra en toda la zona que depende de su División Militar, y se consolida día a día la toma de Sevilla por el empleo indiscriminado del terror en los barrios que resistían, mediante detenciones y fusilamientos masivos de militares leales y de civiles, militantes, simpatizantes o presuntos simpatizantes de partidos y sindicatos de izquierda. Casi siempre sobre la base de delaciones, listas negras o informes oficiosos.

Este patrón represivo maestro (llamado técnicamente limpieza política) fue aplicado a posteriori sistemáticamente en todo el país hasta el final de la guerra civil.

Nombrado Jefe del Ejército de Operaciones del Sur, en los pueblos y ciudades que se iban conquistando, se aplicó por orden suya la misma limpieza política que en los barrios sevillanos, por lo que durante bastante tiempo ha sido recordado con terror en muchos pueblos andaluces y extremeños. Utilizó para este trabajo a columnas mixtas de militares y no militares: falangistas, Guardia Civil, requetés carlistas, Policía Montada y otras fuerzas paramilitares adictas, con apoyo económico y de hombres, armas y vehículos, por parte de muchos terratenientes.

Una novedad fue la utilización de la radio como medio de guerra psicológica. Son famosas sus charlas radiofónicas a través de los micrófonos de Unión Radio Sevilla, dirigida por el teniente coronel Antonio Fontán, en las que todos los días, a las diez de la noche, con el fin de amedrentar al enemigo y animar a los partidarios nacionalistas en zona republicana, en un lenguaje directo y generalmente soez, se burlaba de los dirigentes de la República y hacía alusiones a la virilidad de legionarios y regulares, con comentarios tales como:

Nuestros valientes Legionarios y Regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombre de verdad. Y, a la vez, a sus mujeres. Esto es totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen.

Mañana vamos a tomar Peñaflor. Vayan las mujeres de los “rojos” preparando sus mantones de luto.

Queipo de Llano, representó al terror con sus despiadadas consignas desde la radio, en las que anticipaba el asesinato de miles de personas, señalaba a las víctimas, y azuzaba a los asesinos. Estas charlas eran muy celebradas y seguidas con gran interés en la zona sublevada y su texto publicado al día siguiente obligatoriamente por todos los periódicos:

Estamos decididos a aplicar la ley con firmeza inexorable: ¡Morón, Utrera, Puente Genil, Castro del Río, id preparando sepulturas! Yo os autorizo a matar como a un perro a cualquiera que se atreva a ejercer coacción ante vosotros; que si lo hiciereis así, quedaréis exentos de toda responsabilidad.

  • Paul Preston, La Guerra Civil Española, Ed. Debate. 2006
  • Juan Ortiz Villalba, Del golpe militar a la guerra civil. Sevilla 1936 , RD editores. Sevilla 2006
  • Francisco Espinosa Maestre, La justicia de Queipo. Violencia y terror fascistas en Sevilla, Huelva, Cádiz, Córdoba, Málaga y Badajoz. 2000
  • Ian Gibson, Queipo de Llano: Sevilla, verano de 1936 (con las charlas radiofónicas completas) Ed. Grijalbo Barna. 1986

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