Este mes, el diario El Mundo se hacía eco de que un grupo de ingenieros de Gran Bretaña habían logrado fijar el SeaGen, la primera turbina comercial de este tipo, en el mar, mediante la perforación de cuatro anclajes de nueve metros que reciban sus sendas “patas”. El SeaGen es una inmensa turbina destinada a aprovechar la fuerza de las mareas para producir energía limpia (energía mareomotriz).

La previsión inicial es que en julio pueda abastecer a más de 1.000 hogares, con sus dos rotores (16 metros de diámetro) que trabajarán a pleno rendimiento durante 20 horas al día. Según cálculos de la compañía que está detrás de SeaGen, Marine Current Turbines, este tipo de ingenios pueden proporcionar en una década el 10% de la energía de todo el país.

SeaGen tiene un peso de 1.000 toneladas, y una anchura de 43 metros de punta a punta y funciona como un gigantesco molino de viento sumergido.

Imagen de placas solaresHoy podemos leer en el diario El País que “las empresas Epuron Spain y Viento y Energía inauguraron ayer en Darro la mayor planta fotovoltaica de la provincia de Granada que, con una potencia de 5,8 megavatios, podrá abastecer a 3.625 hogares cada año. La planta ocupa una extensión de 31 hectáreas y consta de 29.964 módulos fotovoltaicos. La instalación cuenta con 710 seguidores del movimiento del sol desde el amanecer al anochecer, aprovechando al máximo los altos niveles de irradiación solar de la zona. Durante la construcción de la planta se han generado hasta 127 puestos de trabajo. La potencia instalada de la planta, junto con la tecnología empleada y los altos niveles de irradiación de la zona, permiten que su producción anual alcance 11.600 megavatios por hora y evita la emisión anual de 11.333 toneladas de CO2”.

Un país como España debería pensarse, desde el punto de vista energético, como un territorio en el que las energías limpias y renovables (sol, viento, agua) cubrieran un alto y creciente porcentaje de las necesidades de energía, disminuyendo gradualmente la dependencia del petróleo y no dando paso a la previsible decantación, si no hay una política energética decidida en este sentido, por otra energía ni limpia ni segura, léase energía nuclear.

Se trataría de aumentar progresivamente, pero sin demora, el tanto por ciento de energía producida desde fuentes limpias, seguras y renovables, disminuyendo a la par la dependencia de, en primer lugar, energía derivada de la biomasa, y, por último, energías fósiles y radiactivas que, en todo caso, quedarían como energías de reserva o de apoyo en caso de necesidad.

Biomasa Con ello, y tal como decíamos en nuestras propuestas programáticas para las últimas elecciones autonómicas, hacer realidad la voluntad de “cumplir con los compromisos del Protocolo de Kyoto y las recomendaciones de los científicos expertos sobre medidas para frenar el cambio climático (ver el informe de los expertos para el presidente del gobierno español, realizado a petición de éste, con motivo de la ultima reunión del IPCC, en Valencia en noviembre de 2007) (IPCC: Panel Intergubernamental para el Cambio Climático, ONU)”.

Foto de paneles solares, tomada del artículo de El País


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